10/06/09

ALGUNAS LECCIONES DE LO DE GM Y CHRYSLER

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Estos días se habla mucho de la situación de bancarrota de GM y Chrysler (que junto con Ford son los tres gigantes del automovil de los EE.UU de Norteamérica). También se habla mucho de como a Opel, filial europea de GM, le van a salvar una empresa de componentes Canadiense, un inversor ruso y el gobierno de Alemanía. Y hace unas pocas semanas se habló también mucho de como Chrysler iba a ser salvada por Fiat, que incluso se postuló como solución italiana también a los problemas de Opel. Para mayor escarnio, China se queda con el Hummer.

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Se habla estos días de colapso de un modelo industrial obsoleto y despertar del suelo americano. Pues bien, no sé si los europeos, españoles o vascos nos damos cuenta de la extraordinaria importancia simbólico-colectiva de todos estos hechos. Yo viví un año a finales de los 80 en los EE.UU de Norteamérica, después he ido de visita varias veces y sé algo (poco, tampoco voy a negarlo) de ese país. Comparto con vosotros algunas impresiones económicas, sociológicas y políticas.

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Cuando yo viví en los EE.UU de Norteamérica sus habitantes hacían todo tipo de chistes sobre los canadienses (al uso de nuestros chistes de Lepe; les consideraban un poco tontos), los rusos eran el diablo y los chinos unos muertos de hambre (no había caído aún el muro de Berlín), los coches europeos no gozaban de mucho predicamento (solían hablar de ellos como esas cosas pequeñas, casi del tamaño de un carrito eléctrico de golf, que usan los europeos en sus compactas ciudades), salvo las marcas de lujo (Mercedes, BMW, Porche, Volvo y en menor medida Audi o Saab), corría un chiste sobre los coches italianos que tenía por protagonista a Fiat (I want a car, not a Fiat - Quiero un coche no un Fiat) y los norteamericanos, en general, se sentían muy orgullosos de sus grandes coches que quemaban galones y galones de gasolina en muy pocas millas que ellos tenían en abundancia, nunca se iba a acabar y podían comprar a todo tipo de países cercanos y lejanos con los que tenían buena amistad (la amistad era tan buena que en no pocas ocasiones se han invadido países o derrocado gobiernos para garantizar el suministro y no tocar las reservas estratégicas de petróleo norteamericanas). Por otra parte, a nadie en su sano juicio le cabía en la cabeza que los coches americanos no fuesen los mejores, dado que ellos habían inventado la producción en serie de coches. El único nubarrón que ya por entonces había eran los coches asiáticos (entonces solo japoneses) que eran inmisericordemente sometidos a unos impuestos de padre y muy seño mío y, aún así, se vendían ya con bastante frecuencia.

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Unos años después, no muchos (menos de veinte), la industria norteamericana de coches está obsoleta, técnicamente muy retrasada, muy mal gestionada, con una brutal sobrecapacidad de producción, financieramente quebrada, solo apta para coches grandes que son fuertes consumidores de gasolina, carecen de visión estratégica, van muy por detrás de los japoneses en la carrera por los coches híbridos, también lejos de los chinos en la lucha por el coche eléctrico con baterías de mucha autonomía, y ven como a las joyas de su corona industrial las salva el "ineficiente" Estado en el discurso de Reagan (el Tesoro de los EE.UU de Norteamérica y la "imposible" UE -en este caso con Alemania a la cabeza-), una empresa canadiense de componentes (Magna), un inversor ruso y la Fiat italiana. Unase a esto que los ingleses, los únicos europeos que los norteamericanos consideran casi sus iguales, hace mucho tiempo que destrozaron su industria propia de automóviles. Si a un a un norteamericano ilustrado a finales de los 80 le dicen que la industria norteamericana del automovil iba a ser nacionalizada, gracias al apoyo de europeos, rusos, chinos y canadiénses se echaría a reír y pensaría que su interlocutor estaba mal de la cabeza. Epure si mouve.

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Este tipo de socks culturales, industriales, económicos, políticos y sociales tienen en EE.UU mucha más trascendencia que las guerras de Irak y Afganistan. Casi el 80% de los norteamericanos no saben donde están estos países, pero casi el 100% de ellos se sentía orgulloso de su industria automovilística. Not any more. 

Pero no quiero dejar la estereotipada imagen de que los norteamericanos no saben lo que se hacen y que nosotros los europeos somo muy listos y todo nos sale bien. Nada más lejos de la realidad. Una de las cosas más juiciosas que he oido en las últimas semanas sobre la reconversión de la insdustría del automovil de las he oído a Jeffrey Sachs, Nobel de economía y neokeynesiano, que dice que, dado que va a ser necesaria mucha inversión pública para llegar a tener coches eléctricos con autonomia (buenas baterias), de precios accesible (baja fiscalidad), altamente ecológicos y una red de suministro de electricidad para este tipo de vehículos (las nuevas gasolineras -¿"electroleras"?-), que dicha red y parte de la industria debería ser de titularidad pública o al menos de titularidad público-privada. Mientras Sachs propone estas cosas, los europeos estamos salvando Opel con dinero público (Magna y el inversor ruso ponen 700 millones de euros en capital, pero el erario público -alemán- pone 4.500 millones de euros en liquidez crediticia), tratando de conservar el empleo y, onces more my dear friend, publificando pérdidas y privatizando beneficios.

Como decía al principio, cambios sistémicos de consecuencias impresionantes.

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