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CONCLUSIONES DE LAS JORNADAS DE URBANISMO, GENERO Y PARTICIPACION

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Hace unos días os hable de LAS JORNADAS SOBRE URBANISMO INCLUSIVO. GENERO Y PARTICIPACION organizadas por el Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco. No quiero dejar de compartir con vosotros las conclusiones de estas jornadas.

Han pasado ya trece años desde que un grupo de urbanistas europeos redactara la Carta de las Mujeres en la Ciudad, documento de referencia para comenzar a repensar la ciudad teniendo en cuenta las diferentes relaciones que, en nuestros días, mujeres y hombres tienen con la ciudad.

La Carta puso sobre la mesa una estrategia para incorporar la visión de género al diseño y construcción de la ciudad. La perspectiva de género es un factor determinante cuando nos proponemos proyectar una ciudad en la que todos y todas tengamos igualdad de oportunidades y derechos.

Cuando hacemos referencia al género en relación con el urbanismo estamos hablando de construir ciudades habitables, hospitalarias, amables y tolerantes, que permitan conciliar los ritmos individuales con los colectivos, que garanticen la accesibilidad de todas las personas a todos los espacios y edificios públicos y que sean sostenibles.

Sin embargo, las mujeres, que han estado presentes activamente en todos los momentos históricamente decisivos de la cultura occidental, han sido invisibilizadas en este ámbito. Este es un problema aún hoy presente. Y es que, como sabemos, han sido casi exclusivamente hombres los que han conformado la historia del urbanismo: arquitectos, urbanistas, promotores, constructores y obreros, quienes han diseñado y construido las ciudades. Las mujeres, con contadas excepciones, no se han integrado en este ámbito profesional hasta finales del siglo XX y aún todavía no tienen demasiada representatividad.

Esto hace que la conformación de nuestras ciudades a menudo no haya tenido en cuenta las actividades relacionadas con la vida cotidiana, tradicionalmente más relegada al ámbito privado y que aún hoy en día, realizan mayoritariamente las mujeres.

Sólo el fin de una única mirada dominante nos ha de posibilitar reivindicar la primera diferencia -hablar de diferencia nunca es hablar de desigualdad- entre el ser hombre y el ser mujer. Sólo desde la construcción de este mundo dual, a veces complementario, pero esencialmente diferente, podemos comenzar a pensar en hablar de procesos de igualdad.

La mirada de la experiencia femenina sobre la ciudad construida, una mirada crítica que tiende a una adecuación del entorno construido para mejorar la igualdad de oportunidades en el uso y disfrute de la ciudad, permite hacer visibles las necesidades de todos y todas aquellas que no son tenidos en cuenta por el pensamiento dominante.

Iniciativas como las de estas jornadas, pretenden fomentar y reforzar ese cambio, permitiendo reflejar experiencias, aportar nuevas metodologías (como el manual metodológico para la realización de mapas de análisis urbanístico desde la perspectiva de género, presentado esta mañana) y debatir sobre cómo hacer realidad esta adecuación del urbanismo a una sociedad basada en la igualdad de oportunidades que debemos construir entre todos y todas.

A modo de conclusiones de las mismas, en las que hemos contado con ponentes y experiencias de primer nivel, yo apuntaría las siguientes:

1. Es necesario dar un nuevo significado al urbanismo establecido, para integrar temas y necesidades que atiendan a las nuevas pautas sociales de nuestro tiempo. La perspectiva de género y la participación activa de todos y especialmente de las mujeres, profesionales y ciudadanas, deben incorporarse a todos los proyectos de construcción de la ciudad, como elemento estratégico por parte de los responsables de las diversas políticas urbanas y territoriales. (Ayer tuvimos un ejemplo de ello, a través de ley catalana de barrios que plantea la equidad de género en los espacios y los equipamientos, y que es la primera normativa de ámbito urbanístico que introdujo el género como un parámetro urbano).

2. Es fundamental impulsar procesos participativos, dotados de recursos suficientes, que aporten conocimiento real sobre la vida cotidiana de las mujeres y de otros grupos poco visibles socialmente, sus necesidades y sus experiencias como usuarias intensivas de la ciudad. Igualmente es preciso integrar a las mujeres y a sus redes de asociación en los procesos de participación reglados asociados a la planificación, tal y como recogen la Ley Vasca de Igualdad y la Ley Vasca de Suelo y Urbanismo.

3. A pesar de constituir la mitad de la población, las mujeres aún permanecen en una situación social de desventaja social y económica. Las responsabilidades sociales asociadas al cuidado de personas dependientes y a la responsabilidad en la esfera de lo doméstico, así como el trabajo informal recaen mayoritariamente sobre ellas. Consecuencia de ello es que sus preocupaciones y necesidades específicas no están debidamente consideradas en los planteamientos de los documentos urbanísticos.

4. Debe reconocerse el déficit histórico de participación de las mujeres en temas relacionados con el diseño del espacio, que ha impedido contar con las aportaciones de personas expertas en el uso intenso de la ciudad y dar su debida importancia a temas en los que las mujeres son expertas como son la seguridad, el cuidado, la educación, el transporte público, la vivienda, los recorridos a pie o los equipamientos y servicios urbanos.

5. Un urbanismo en el que las necesidades de todos, mujeres y hombres, de todas las generaciones y procedencias, sean valoradas es la mejor vía para conseguir la mejor calidad de vida y la sostenibilidad de nuestras ciudades. Una ciudad más segura, más accesible, en la que sea más fácil combinar la vida personal y familiar con el trabajo, es una buena ciudad, no para las mujeres, sino para toda la ciudadanía.

6. Aplicar la perspectiva de género se concreta en cambios en los planteamientos del urbanismo actual, introduciendo en su agenda de prioridades temas importantes de la vida cotidiana como la seguridad, la proximidad, el tiempo y la organización de los servicios, así como la mezcla de usos que ayude a cubrir la diversidad de actividades que todavía llevan a cabo en gran medida las mujeres y que deben ser compartidas entre mujeres y hombres.

7. Replantear el urbanismo en toda su complejidad requiere del trabajo de equipos multidisciplinares que integren los saberes de las ciencias sociales, así como de otras muchas aportaciones a los procesos de proyecto urbano y planificación urbanística.

8. Es necesario integrar estos conceptos innovadores en la formación técnica y el reciclaje de las y los profesionales urbanísticos, ya que, hasta el momento, el ámbito formativo profesional ha permanecido ajeno a estos enfoques. Esta forma de trabajar, coherente con el objetivo de redefinir un urbanismo para la ciudadanía, requiere de los equipos técnicos la capacidad de trabajar en procesos de colaboración con instituciones, con entidades, con agentes económicos y con el tejido social en general. Asimismo, es importante resaltar la necesaria incorporación de las mujeres a dichos equipos técnicos, circunstancia que, afortunadamente, empieza a producirse.

9. Existen medidas concretas, instrumentos ya elaborados y testados, metodologías de participación, indicadores para la evaluación, ejemplos de referencia realizados en otros lugares (en estas jornadas hemos visto algunos de ellos), que se deben poner al servicio de los organismos públicos, ayuntamientos, asociaciones y otras entidades para facilitar que las entidades locales puedan abordar procesos eficaces y bien tramados. Es preciso asignar recursos suficientes para aplicar estos instrumentos y diseñar marcos adecuados para que las diversas experiencias puedan compartirse, contribuyendo así a una mejora continua de las herramientas urbanísticas.

10. Quiero destacar, por último, el compromiso del Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales en integrar estos cambios en las políticas de su responsabilidad: tal y como comentaba anteriormente, actuaciones e iniciativas legislativas recientes han incorporado la perspectiva de género y la participación ciudadana como pilares estratégicos, los cuales han de ser considerados cuando las instituciones competentes en materia de vivienda y urbanismo desarrollen sus proyectos de equipamientos, de diseño del espacio público o de proyectos integrados de mejora de barrios.

Por lo tanto, y ya para acabar, la cuestión de género en el urbanismo y la vivienda requiere de un compromiso político y una implicación técnica, que a su vez exige formación e información. Esto es lo que perseguimos con iniciativas como estas. El desafío es, pues, construir espacios sin género, espacios donde cada persona se identifique, se reconozca, donde haya gente y haya vida. Un espacio de todos y todas.

 

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